Las Euménides

PERSONAJES:

Acción: empieza en Delfos, delante del templo de Apolo y termina en Atenea, en el Areópago

Fue estrenada el 458 a. C.

Comienza la acción en el santuario de Apolo, en Delfos, donde se ha refugiado Orestes, después de haber dado muerte a su propia madre. Desmoralizado ante la implacable persecución de las Erinias, ha perdido el orgullo que lo caracterizaba en Las Coéforas.

 

Pitia

En el interior del templo: Apolo, Hermes, Orestes y las Erinias

La Pitia profética expone en el prólogo la historia del oráculo de Delfos. Después, añade: "Me dirigía yo hacia el lugar sagrado, colmado de ofrendas, cuando veo cerca del 'Ombligo' a un hombre odiado por los dioses. Está... en actitud suplicante, con las manos goteando sangre, con una espada recién salida de una herida y un... ramo de olivo... Frente a este hombre duerme un extraño grupo de mujeres... ¿Qué digo mujeres? Son más bien Gorgonas... Pero no tienen alas y su aspecto es... sombrío y repulsivo; sus ronquidos exhalan un hedor que hace huir..."

Cuando sale de la escena Pitia, se abren las puertas del templo, en cuyo interior aparecen Apolo, Orestes, Hermes y las Erinias. Apolo completa la descripción de estas divinidades ancestrales: "Helas aquí, vencidas por el sueño, vírgenes malditas, viejas hijas de un antiguo pasado, a las que jamás se acercan un dios, un hombre o una bestia. Nacidas para el mal, habitan en las tinieblas siniestras del Tártaro subterráneo, execrables tanto para los hombres como para los dioses del Olimpo".

Coro de Erinias

Personificaban la venganza

Se dice que la tétrica aparición de las Erinias, que formaban el coro de esta tragedia, produjo una impresión enorme en los espectadores. Personificaban la venganza ante la sangre consanguínea, cuyo derramamiento vetaban leyes antiquísimas no escritas.

Apolo aconseja a Orestes que vaya a Atenas

Sus jueces le libraran de la pesecución de las Erinias

Apolo exhorta a Orestes a que vaya a Atenas. Allí hallará jueces que lo liberarán de la persecución de estas Erinias. Encarga a Mermes que lo guíe: "Huye y no te acobardes. Ellas van a perseguirte a través de todo un continente, expulsándote... de cada tierra que se ofrezca a tus errantes pasos y, después, más allá del mar y de las ciudades bañadas por las olas... hasta que llegues a la ciudad de Palas. Entonces, híncate de rodillas y abrázale a la antigua imagen de la diosa. Allí, por medio de jueces y de discursos persuasivos, sabré encontrar los medios de librarte por completo de tus sufrimientos. ¿No he sido yo quien te convenció para que mataras a tu madre?... Y tú, ...Mermes, vela por él... Sé el guía perfecto que conduzca a mi suplicante..."

La sombra de Clitemnestra despierta a las Erinias y las reprende con acritud, por no cumplir adecuadamente con su deber de vengar su muerte.

El corifeo reprocha a Apolo su conducta, por ayudar a un matricida a sustraerse a su justo castigo. Apolo expulsa de su templo a las Erinias, tras una violenta disputa con ellas; defiende a Orestes, a quien está dispuesto a salvar.

Orestes y Hermes llegan a Atenas

Atenea quiere participar en el juicio

Guiado por Hermes, llega Orestes a Atenas, perseguido sin tregua ni descanso por las Erinias.

La escena se ha trasladado de Delfos a esta ciudad, en cuya colina del Areópago hay un templo y una estatua de Atenea, a la que Orestes se abraza suplicante. El coro de las Erinias danza sin cesar en torno suyo y va estrechando cada vez más su cerco. Se entabla un diálogo entre Orestes y el Coro.

Aparece en escena Atenea, que muestra su sorpresa ante la presencia de Orestes y las Erinias en este lugar. El corifeo le aclara quiénes son éstas y cuál es su misión concreta. Atenea pregunta: "¿Estaríais dispuestas a otorgarme poder decisorio en este proceso?"

El corifeo accede: "¿Cómo no? Te respetamos por tu dignidad y la de tu origen".

Atenea elegirá los jueces

Orestes deberá aportar los testigos

Atenea se dirige entonces a Orestes: "Dime, para empezar, tu país, tu raza y las desgracias que padeces, antes de: defenderte de los cargos de que éstas te acusan... Si verdaderamente tienes fe en la justicia,... dame sobre todos estos puntos una respuesta clara".

Tras contestar a las preguntas de la diosa, Orestes le pide que dicte ella misma la sentencia. Atenea le responde: "Si se considera que este asunto es demasiado grave para que lo juzguen los mortales, tampoco la ley divina me permite a mí misma pronunciarme en un juicio por homicidio perpetrado bajo el influjo de un deseo incontenible de venganza... Sin embargo, puesto que las cosas han llegado a tal extremo, voy a elegir jueces de la sangre vertida; los obligaré mediante juramento y el tribunal que yo establezca así quedará instituido para toda la eternidad. Citad vosotros a los testigos que aporten pruebas e indicios y a hombres juramentados que colaboren con la justicia. Cuando yo haya seleccionado a los mejores ciudadanos de mi ciudad, volveré con ellos, para que juzguen este proceso con toda equidad".

Reflexiones del Coro de Erinias

Llega Atenea acompañada de un heraldo y numerosos ciudadanos

El Coro expone una serie de reflexiones sobre este asunto. Después entra en escena Atenea, seguida de numerosos ciudadanos y de un heraldo, que va a indicar sus puestos al reo, a la acusación y a los jueces.

Apolo actúa copmo testigo

Las Erinias dicen que ¿cómo va a vivir en Argos tras matar a asu propia madre?

Se celebra el juicio. A una pregunta del corifeo, Apolo reconoce que el reo, Orestes, mató a su propia madre, pero que él asume la responsabilidad de tal asesinato: "He venido como testigo: este hombre es, según la ley, suplicante mío y se ha acogido al hogar de mi templo. Yo mismo lo he purificado del asesinato que cometió. Vengo también como su defensor, puesto que soy responsable de la muerte de su madre".

Y, dirigiéndose a Atenea, continúa: "Abre, pues, el proceso y regula este asunto según tu sabiduría".

En el curso de este proceso, Apolo declara que él jamás habló sobre nadie nada que no le ordenara previamente Zeus y que ningún juramento debe prevalecer sobre las decisiones del padre y soberano de los dioses. Describe después la muerte de Agamenón.

El corifeo alega: "Ha derramado la sangre de su propia madre, la sangre que corre por sus venas. ¿Va a vivir en Argos, en el palacio de su padre? ¿En qué altares públicos va a celebrar sacrificios? ¿Qué fratría le permitirá servirse de su agua lustral?"

Erinias: su absolución sería un mal precedente

Curioso argumento de Apolo

Para las Erinias, si Orestes es absuelto, los delincuentes podrán hacer en el futuro lo que les venga en gana. Desaparecerá el útil freno del temor a la ley. El despotismo es malo, pero también lo es la anarquía. El justo medio, la mesura, debe prevalecer. Es preciso el no rebelarse contra la justicia y el orden establecido.

Apolo presenta un curioso argumento: "No es la madre la que engendra a quien llamamos su hijo, sino que es sólo la nodriza del germen sembrado en ella. Engendra el hombre que la ha fecundado; ella, como una extraña, sólo conserva el joven brote, si no se lo malogran los dioses... Probaré que se puede ser padre sin la intervención de una madre... La hija de Zeus Olímpico, Atenea, no se crió en la oscura noche de un seno materno; y, sin embargo, ¿qué diosa ha podido parir un retoño semejante?".

Votación: empate de votos

Orestes es absuelto

El jurado, abrumado por tan concluyente argumento, procede a la votación. Atenea exhorta a los atenienses que lo componen: "Escuchad ahora la ley que yo establezco, ciudadanos de Atenas, llamados a dictar sentencia en el primer proceso por sangre derramada. En lo sucesivo, el pueblo de Egeo conservará siempre... este Consejo de jueces... sobre esta colina de Ares... Sobre ella... desde ahora, el Respeto y el Temor, su hermano,... mantendrán a los ciu­dadanos alejados del crimen, si ellos mismos no modifican las leyes: quien enturbia una fuente clara... no encontrará después en ella agua para beber... Aconsejo a mi ciudad que observe con respeto esta ley y que no caiga en la anarquía ni en el des­potismo. Y, sobre todo, que no expulse fuera de sus murallas el temor, pues ¿qué mortal cumplirá con su deber, si no teme a nada? Si respetáis como es debido a este tribunal... tendréis en él una muralla protectora de vuestro país y de vuestra ciudad... El Consejo que establezco aquí, insobornable, venerable, inflexible, estará siempre en guardia, velando por los que duermen".

Mientras Apolo y el corifeo se enzarzan en una nueva discusión, emiten sus votos los jueces. En último lugar vota Atenea. Lo hace en favor de Orestes y añade: "Vence, por tanto, Orestes, aunque en los votos exista empate".

Orestes es absuelto por empate de votos. Así lo corrobora de nuevo Atenea: "Este hombre ha sido absuelto de delito de sangre, pues es igual el número de votos a favor y en contra".

Protestas de las Erinias

Atenea consigue aplacarlas y se convertirán en Euménides

Orestes, tras manifestar su gratitud a Atenea, abandona la escena.

El coro de las Erinias estalla en protestas y lamentaciones, amenazando con lanzar sobre el pueblo ateniense su venenoso aliento. Atenea les dice que no han sido vencidas, ya que ha habido empate de votos. Consigue por fin aplacarlas, prometiéndoles que, de divinidades malditas se convertirán en Euménides, es decir, en diosas "Bienhechoras", "Benévolas", y que Atenas les dedicará un templo y celebrará en su honor ceremonias sagradas.

El coro admite los consejos de Atenea

Las Euménides piden la paz y prosperidad para Atenas

El Coro admite los consejos de Atenea; así lo expresa el corifeo: "Sí, quiero ser vecina de Palas y no desdeñar a una ciudad a la que Zeus omnipotente y Ares convierten con su presencia en baluarte de las ciudades, en brillante defensora de los sagrados altares erigidos en honor de los dioses de Grecia. Por ella formulo mis votos en oráculos propicios. Que una felicidad sin límites... brote abundante de su suelo a la luz de un sol resplandeciente".

A la luz de las antorchas desfila el coro, en solemne cortejo. Las Euménides piden paz y prosperidad para el pueblo ateniense. Un grupo de doncellas se dirige a ellas y las reviste con mantos de púrpura.

Atenea se despide: "¡Rendid honores a estas diosas ya ataviadas con vestidos teñidos de púrpura!". El cortejo canta:
"Benevolentes y leales para esta tierra, venid por aquí, diosas augustas..."