Las Tesmoforias

PERSONAJES:

Acción: en Atenas

Estrenada el 411 a. C.

Obra representada en las fiestas Dionisias. Entre los cómicos, Eurípides tenía fama de misógino; esto proporcionó a Aristófanes tema para su comedia satírica. En ella imagina que las mujeres de Atenas se reúnen en la fiesta de las Tesmoforias, celebrada en honor de Deméter y Perséfone. Duraba cuatro días y en ella estaba prohibida toda presencia masculina. Reunidas en un templo, las mujeres debaten cómo castigar a su enemigo Eurípides, que en sus comedias las colma de agravios.

 

 

Eurípides convence a su suegro para que espíe a las mujeres

Debe ir disfrazado de mujer

Informado de ello, el poeta amenazado imagina una estratagema para espiar a las mujeres y frustrar su plan. Primero intenta introducir en la fiesta al trágico Agatón, que tenía fama de afeminado, pero éste, dominado por el miedo, se niega a colaborar.

En vista de ello, convence a un Pariente suyo para que se disfrace de mujer y acuda a la fiesta.

Eurípides le dice al Pariente: "Hoy se decidirá si Eurípides sigue aún vivo o si ya ha muerto... Las mujeres han tramado contra mí una conjuración y van a celebrar una asamblea en el templo de las diosas Tesmóforas (Deméter y su hija Perséfone)... para votar mi muerte... porque... hablo mal de ellas en mis tragedias... (Quiero) persuadir a Agatón , el poeta trágico, para que entre en el templo de las Tesmóforas, se siente entre las mujeres, disfrazado con ropas de mujer, para no ser reconocido, y si es necesario, hable en mi favor".

Agatón

Antes lo intentó con Agatón, por su fama de afeminado

Tras una parodia del estilo rebuscado y amanerado de Agatón, Eurípides dice a éste: "Agatón, puesto que tú no quieres intervenir personalmente, préstanos, al menos, un vestido con que disfrazar a éste y un sujetador... (A Pariente) Para empezar, coge el vestido color azafrán y póntelo... Nos hacen falta una redecilla y una diadema... tráeme un velo... y unos zapatos... Este hombre (señalando a Pariente) se nos ha convertido en mujer, al menos en apariencia. Si hablas, procura que tu voz parezca la de una mujer... Ea, vete pronto, pues ya está izada sobre el templo de las diosas Tesmóforas la señal de la asamblea".

Interior del templo de Deméter

Coro de mujeres

En el interior del templo, donde se halla el coro de mujeres, la mujer-corifeo exclama: "Si alguien conspira para causar algún mal al pueblo de las mujeres o negocia con Eurípides... en detrimento de las mujeres,... lanzad, oh diosas, la maldición de que perezca miserablemente... El consejo de las mujeres ha decretado... que en primer término debemos deliberar sobre Eurípides, sobre la pena que debe sufrir este hombre, ya que se comporta de modo indigno; tal es nuestra opinión y la de las demás"

Una mujer expone sus quejas contra Eurípides

Le llama “hijo de una verdulera”

Una de las asistentes expone sus quejas contra Eurípides:
"Hace ya mucho tiempo que siento una gran indignación, al ver cómo nos arrastra por el fango Eurípides, el hijo de la verdulera, que nos colma de injurias de toda clase... llamándonos adúlteras, locas por los hombres, borrachas, traidoras, charlatanas,... azote de mandos... hasta tal punto, que éstos, apenas han vuelto del teatro, nos miran con aires de sospecha y se ponen en seguida a registrar la casa, por si tenemos escondido algún amante. No podemos hacer ya lo que hacíamos otras veces; tantas maldades nuestras ha descubierto este hombre a nuestros maridos... Por consiguiente, opino que nosotras debemos amasar su pérdida de un modo o de otro, sea mediante un veneno, sea de cualquier otra manera..."

Otra le acusa de ateo

Ha convencido a los hombres de que los dioses no existen y ha bajado mucho la venta de coronas

Otra mujer cuenta su problema profesional: "Quiero contaros mi caso personal. Mi marido murió en Chipre y me dejó cinco criaturitas, que yo criaba a duras penas trenzando coronas en el mercado de los mirtos. Hasta entonces yo me ganaba, más o menos bien, la vida. Pero ahora Eurípides, al componer sus tragedias, ha convencido a los hombres de que los dioses no existen; con lo cual, la venta de coronas destinadas al culto ha disminuido en más de la mitad..."

El suegro de Eurípides trata de justificarlo en algunas cosas

Enumera un montón de maldades de las mujeres

Pariente, disfrazado de mujer, intenta justificar los ataques de Aristófanes a las mujeres: "Yo también detesto a este hombre. Sin embargo, ¿por qué le acusamos de haber revelado dos o tres de nuestras maldades, cuando es notorio que cometemos infinitas fechorías".

Sigue enumerando las maldades de las mujeres y acaba su perorata diciendo: "Nos irritamos contra Eurípides y, en realidad, sufrimos menos mal que el que nosotras cometemos".

Al escuchar estas palabras, el auditorio femenino reacciona violentamente contra la supuesta mujer, la cual, sin embargo, insiste en poner ejemplos de la maldad de las mujeres.

Clístenes

Advierte a las mujeres de que hay un espía de Eurípides entre ellas

Llega el afeminado Clístenes, que es a menudo blanco de las burlas de Aristófanes, e informa a las mujeres sobre la existencia entre ellas de un espía de Eurípides: "Se dice que Eurípides ha enviado hoy aquí a uno de sus parientes, un viejo,... para que espíe nuestras palabras... Lo ha disfrazado de mujer".

El suegro de Eurípides se refugia en el altar del templo

Antes ha raptado a una niña y amenaza con matarla

Alarmadas por esta noticia, las mujeres proceden a identificar a todas las per­sonas que participan en la fiesta. Al verse descubierto, Pariente arrebata una niña a su madre y se refugia en el altar del templo. Amenazando con degollar a su rehén, si no le dejan irse libremente.

La Corifeo anima a quemarlo vivo

Edipo, pastor tebano, mensajero de Corinto etc...

La mujer-corifeo anima a los demás a quemarlo vivo: "Vamos, tú habías debido ya... traer leña para quemar a este maldito y consumirle cuanto antes por el fuego".

Pariente las amenaza diciendo que con él morirá la niña: "Prende fuego, abrásame; pero tú, pequeña (dirigiéndose a la niña), culpa de tu muerte a una sola mujer, tu madre... (desnudando a la niña) ¿Qué es esto? La niña resul­ta que es un odre de vino... ¡Oh mujeres viciosas, borrachas perdidas...!... ¿Qué truco puedo maquinar para salvarme? ¿Qué puedo imaginar? Porque el culpable de todo, el que me ha metido en tal embrollo, no aparece todavía... ¿Qué mensajero podría yo enviarle? Se me ocurre de momento una solución, tomada del Palamedes de Eurípides. Como hizo ese héroe, escribiré sobre la pala de los remos un mensaje y los arrojaré al mar. Mas aquí no hay remos que valgan... ¿Y qué sucedería, si yo tomara estas tablillas... en vez de los remos, escribiera en ellas y las arrojara lejos de aquí?"

Las mujeres desisten de quemarlo vivo en atención a lo que creen que es una niña. A pesar de que se descubre que se trata de un odre de vino, la estratagema surte efecto entre las mujeres, aficionadas al vino, según un tópico frecuente.

Pariente, según él mismo acaba de decir, arroja a la calle unas tablillas votivas del templo con su nombre, en petición de auxilio, parodiando al Palamedes de Eurípides, obra representada el año 415 a.C.

La corifeo hace una apología del sexo femenino

Edipo, pastor tebano, mensajero de Corinto etc...

La mujer-corifeo hace una apología del sexo femenino: "Ahora, hagamos en la parábasis nuestro propio elogio... si somos una calamidad, ¿por qué os casáis con nosotras?"

Hace, pues, una extensa apología de las mujeres y censura a los hombres.

Pariente muestra su inquietud, al ver que Eurípides no acude a liberarlo: "¿Por medio de qué obra suya le haría yo venir?... Ya lo sé; voy a imitar a su recien­te Helena. En todo caso, ya estoy vestido de mujer".

Eurípides

Se  presenta disfrazado de Menelao

Se presenta Eurípides con el atuendo de Menelao, parodiando el episodio de la tragedia Helena, en la que el héroe homérico aparece ante su esposa, en Egipto, después de un naufragio.

No hay suerte y se va

Llega un Prítanis y ordena azotar al suegro de Eurípides

Falla este truco y Eurípides se marcha.

Llega un Arquero escita, de la policía ateniense, y un Prítanis, armado de un látigo. El Prítanis declara: "¿Es éste el facineroso del que nos habló Clístenes? (A Pariente) Tú, ¿por qué estás ahí tan cabizbajo? Arquero, mételo dentro y átalo al poste. Luego, ponlo aquí mismo, vigílalo bien y no permitas a nadie acercarse a él; emplea tu látigo contra todo aquel que se le acerque".

El Coro entona cantos a los dioses: Ártemis, Apolo, Hera, Hermes, Pan, las Ninfas, Baco, Dioniso,... y después se retira al fondo de la orchestra.

Eurípides de nuevo

Disfrazado de Perseo

Llega Eurípides, disfrazado ahora de Perseo, en una parodia de su tragedia Andrómeda, hoy perdida.

Pariente, haciendo el papel de Andrómeda, canta su tris­te suerte.

De nuevo Eurípides

Disfrazado de la ninfa Eco

Vuelve de nuevo Eurípides, disfrazado en esta ocasión de ninfa Eco y aconseja a Pariente "llorar en forma que dé pena". Así lo hace Pariente y Eurípides, reme­dando a Eco, repite sus lamentos y quejas y las palabras del Arquero.

Eurípides otra vez

Disfrazado de Perseo

Vuelve otra vez Eurípides, disfrazado de nuevo de Perseo. El Arquero se expresa en una jerga ininteligible. Ante la imposibilidad de convencerlo para que deje libre a Pariente, Eurípides se retira.

El Coro entona un himno a las diosas Tesmóforos y, sobre todo, a Palas, patrona de Atenas.

La mujeres aceptan una oferta de Eurípides

Ofrece a la mujeres tratarlas bien en sus tragedias

El Arquero escita se queda dormido.

Vuelve Eurípides, ya sin disfraz, acompañado de una flautista y de una atractiva bailarina. Ofrece a las mujeres la paz y no volver a ofenderlas: "Mujeres, si queréis hacer la paz conmigo para siempre, éste es el momento; yo me comprometo a no injuriaros más en el futuro... El hombre que está atado al poste es un pariente mío. Si consigo rescatarlo, jamás volveré a hablar mal de vosotras, Si rechazáis mi propuesta, contaré a vuestros maridos, cuando vuelvan del ejército, todas vuestras trapisondas en casa... (A la bailarina) No olvides hacer lo que te he dicho por el camino. Vete, pues, hacia el arquero y vuelve a mí danzando sobre la punta de los pies. (A la flautista) Y tú,... toca con tu flauta una melodía persa".

Las mujeres aceptan la oferta de Eurípides.

Eurípides libera a su suegro

Distrae al arquero con la bailarina

Éste, ante la obstinación del Arquero escita, que retiene a Pariente, se disfraza de vieja y le ofrece la bailarina, a la que ordena: "Vamos, hija, quítate ese vestido. Siéntate en las rodillas del escita y alárgame tus pies, para que yo te descalce".

Mientras el Arquero se entusiasma con la bailarina, Eurípides desata a Pariente, a quien dice: "Huye antes de que vuelva el Arquero y te encuentre".

Al salir de su distracción, el Arquero se siente engañado.