Las ranas

PERSONAJES:

Acción: En el Hades

Estrenada el 405 a. C.

Dioniso, el dios de la escena dramática, presa de tristeza y nostalgia por la muerte del último de los grandes poetas trágicos, se dispone a descender al Hades, para traer al mundo exterior a uno de ellos y devolver el antiguo esplendor a las fiestas Dionisíacas. Tras la muerte de Sófocles y Eurípides, la escena ateniense permanecía vacía.

 

Dioniso

Trata de disfrazarse de Heracles

Vestido con un atuendo afeminado y calzado con coturnos, trata de parecerse a Heracles, que había visitado anteriormente el mundo de ultratumba, para lo cual se ha puesto, sobre un manto de color azafrán, una piel de león y blande una clava, a fin de causar sensación. Le acompaña su criado Jantias ("El rojo"), montado en un asno y llevando una pesada carga pendiente de una pértiga.

Heracles

Su aspecto ridículo le hace reír y le ayuda a entrar en el Hades

Vestido Al verlo disfrazado de esta guisa Heracles exclama: "No puedo menos de reír, al ver una piel de león sobre un vestido color azafrán... ¿Qué significa esto? ¿Qué tiene que ver un coturno con una clava? ¿A qué país ibas de viaje?"

Dioniso le expone su plan y le pide información: "Me corroe una añoranza... por Eurípides... Nadie en el mundo me disuadirá de ir a buscarlo... Necesito un poeta distinguido, porque aquellos otros no existen ya y los actuales son malos... Pero las razones que me mueven a venir con esta indumentaria, imitada de la tuya, son para que tú me indiques... los huéspedes que te han ayudado, cuando descendiste a buscar a Cerbero... y los puertos..., y cuál es el camino más corto para llegar al fondo del Hades".

Heracles le indica diversas formas de muerte, es decir, caminos para ir al Hades. Dioniso contesta: "Prefiero por el que tú bajaste aquella vez".

El Hades

Heracles le da detalles de algunos lugares infernales

Heracles le da detalles sobre los distintos lugares infernales: "El trayecto es largo, porque primero llegarás a una laguna inmensa y sin fondo... En una barquita... un viejo barquero te pasará al otro lado, previo pago de dos óbolos... Luego verás serpientes e innumerables bestias, las más espantosas del mundo... y después un gran estercolero y una ciénaga enorme... A partir de aquí te envolverá una melodía de flautas y un resplandor muy hermoso... y bosquecillos de mirto y coros bienaventurados de hombres y de mujeres y un vivo batir de palmas... (Se trata de) los iniciados...

Ellos te dirán, de un tirón, todo lo que precises saber. Porque residen... junto a las puertas de Plutón".

Caronte

Coro de ranas en la laguna Estigia

Llega el barquero Caronte y les invita a entrar en su barca: "¿Quién se dirige a los lugares de descanso, tras salir de las miserias y fatigas? ¿Quién, a la llanura del río Leteo,...? (A Dioniso) Siéntate cerca del remo. Si alguien más quiere pasar, que se dé prisa".

En la laguna Estigia un coro de ranas acompaña con su jocoso croar el chapoteo de los remos durante la travesía. Al llegar a la orilla opuesta, Caronte les exige el precio del pasaje. Tras desembarcar, una monstruosa bestia, Empusa, asusta a Dioniso. Después se oye una deliciosa música de flautas: se trata del coro de los iniciados en los Misterios, que celebran su fiesta. Sale el coro masculino y Dioniso y Jantias se acercan a la puerta del palacio de Plutón, dios de los infiernos.

Eaco

El querer hacerse pasar por Heracles le causa problemas

Eaco, uno de los jueces infernales, pregunta quién llama a la puerta. Dioniso contesta que es Heracles. Eaco le colma de improperios, por haberse llevado al can Cerbero en su anterior viaje. El hacerse pasar por Heracles le crea a Dioniso serios problemas. Paralizado por el miedo, cada vez que se ve en peligro intercambia sus vestiduras con su criado, a fin de pasar desapercibido.

Ante semejante cambio, Eaco les dice: "Por Deméter, no puedo saber aún cuál de vosotros dos es un dios. Pero entrad: el amo en persona y Perséfone, que también son dioses, distinguirán entre vosotros".

Esquilo y Eurípides

Concurso para ver quien vivirá en el pritaneo junto Hades

Dioniso y Jantias entran en el palacio de Plutón. El Coro entona la parábasis. Jantias pregunta a un servidor: "¿Qué barullo y griterío y pelea hay ahí dentro?"

El servidor le explica: "Es una cuestión entre Esquilo y Eurípides... un asunto, un gran asunto se debate entre los muertos, una sedición muy grave... Aquí rige una ley relativa a todas las nobles actividades del espíritu, en virtud de la cual al que destaca entre sus colegas se le concede vivir en el pritaneo y sentarse en un trono al lado de Plutón... hasta que llegue otro más hábil que él en su arte; entonces debe cederle el puesto... (Esquilo) ocupaba el trono de la tragedia como el más brillante en su arte... Cuando descendió aquí Eurípides, se puso a presentar sus espectáculos ante los ladrones de ropa, los cortabolsas, los parricidas y los horadamuros, de los que hay un montón en el Hades; y éstos... se volvieron locos por él y le creyeron el más capaz. Y él, engreído, comenzó a agarrarse al trono en que se sentaba Esquilo... El pue­blo, a grandes gritos, quería que un juicio en toda regla decidiera cuál de los dos era el más sabio en su arte... Plutón va a celebrar inmediatamente un concurso, un juicio y una prueba de sus res­pectivos talentos... (Sófocles) besó   a   Esquilo,   cuando   éste llegó, le dio la mano derecha y le cedió sin disputa el derecho al trono. Pero ahora está dispuesto a convertirse en campeón de reserva; si vence Esquilo, se quedará en su sitio; si no, anuncia que él está dispuesto a luchar contra Eurípides por la preeminencia... La poesía va a ser pesada en una balanza..."

Salen, discutiendo, Esquilo y Eurípides. Los acompañan Dioniso y Plutón.

Cada uno defiende su estilo

Trata de disfrazarse de Heracles

Eurípides objeta que Esquilo es: "Un individuo de palabra presuntuosa, de lengua sin freno, sin dominio de sí mismo..., charlatán..., amontonador de palabras altisonantes".

Esquilo contraataca y dice de Eurípides: "Coleccionador de vaciedades, creador de mendigos, remendador de harapos... Recoges cantos cretenses e introduces en tu arte bodas sacrílegas... Yo quisiera no discutir aquí, porque el enfrentamiento entre nosotros no se desarrolla en condiciones de igualdad. Porque mi poesía no ha muerto conmigo y, en cambio, la suya ha muerto con él, de modo que dispondrá de ella para que hable en su favor".

Eurípides se defiende y ataca a su vez: "Hablaré en último lugar de mí mismo y de mis méritos como poeta. Quiero, ante todo, demostrar que este hombre es un charlatán y un tramposo y mostrar con qué artificios engañaba a los espectadores... Para empezar, en efecto, presentaba a un indi­viduo sentado, con el rostro cubierto con un velo, un Aquiles o una Níobe... Y el coro soltaba, una tras otra, cuatro series de cantos...; y ellos callaban... Era un truco para que el espectador siguiera esperando, sin moverse, que su Níobe dijera algo. Y la obra iba avanzando... Luego, después de estas naderías, cuando la tragedia iba ya por la mitad, decía una docena de palabras, grandes como bueyes, incomprensibles para los espectadores..., palabras como despeñaderos de caballos, nada fáciles de entender... En cuanto recibí de ti la tragedia, que estaba hinchada de términos enfáticos y de palabras cargantes, la hice adelgazar, la hice menos pesada por medio de versitos y de paseítos... y luego la nutrí con monodias... El primer personaje que aparecía en escena exponía al punto el origen de la obra... A continuación, desde el primer verso, yo no dejaba inactivo a nadie: hablaban la mujer y también el esclavo, el amo, la doncella y la vieja... Lo que yo hacía era democrático... (Señalando a los espectadores) Y a esos les enseñé a charlar,... a reflexionar, a ver, a comprender,... introduciendo en la escena temas domésticos, que nos son usuales y familiares, con los que yo me prestaba a la crítica; porque los espectadores, que estaban al corrien­te de los hechos, podían juzgar mi arte... Yo les inculqué tales sentimientos, introdu­ciendo en el arte el razonamiento y el examen reflexivo..."

Continúa la discusión. Esquilo: "¿Por qué debe admirarse a un poeta?"

Eurípides: "Por su inteligencia y su consejo, y porque hacemos mejores a los hombres en las ciudades".

Esquilo: "Pero, si tú no has hecho esto, sino que, de honestos y generosos, los han converti­do en perversos, ¿qué pena reconoces que has merecido?"

Dioniso interviene: "La muerte: no se lo preguntes a él".

Esquilo: "Mira, pues, qué clase de hombres recibió él de mí al principio; hombres valientes, de cuatro codos de altura, no ciudadanos que se escaquean, ni paseantes de ágora, ni bufones como los de hoy en día, ni intrigantes, sino hombres que respiraban lanzas, jabalinas y cascos... Yo he compuesto una tragedia repleta de Ares... Los Siete con­tra Tebas. Todo hombre que la hubiera visto ardía en deseos de combatir... Luego hice representar Los Persas, tragedia en la que enseñé que es preciso aspirar siem­pre a vencer a los enemigos y celebré en ella una victoria heroica... He aquí los temas que deben tratar los poetas... Orfeo nos enseña los misterios y a abstenernos de causar la muerte; Museo, la curación de las enfermedades y los oráculos; Hesíodo, el trabajo de los campos...; el divino Hornero,... cosas provechosas... Yo no he representado Fedras prostituidas... y nadie puede decir que yo haya presentado jamás una mujer dominada por la pasión amorosa... El poeta está obligado a ocultar el vicio, no a ponerlo de manifiesto y presentarlo en escena. Porque a los niños es el maestro el que los educa, pero a los adultos los enseña el poeta. Tenemos el deber ineludible de no decir sino cosas honorables... Para las grandes frases y pensamientos nobles es preciso crear palabras capaces de expresarlos. Además, es lógico que los semidioses se expresen con palabras más grandiosas, lo mismo que sus vestiduras son mucho más imponentes que las que usamos nosotros. Yo había mostrado el buen modelo; tú, en cambio, lo echaste a perder... vistiendo de harapos a los reyes, para que aparecieran dignos de lástima ante los espectadores... Por esta razón, ningún rico quiere ahora ser trierarca, sino que, vestido de andrajos, pretende ser pobre... Luego, les enseñaste a ejercitarse en la charlatanería y la chachara, que han vacia­do las palestras y sacado brillo a los culos de esos jovenzuelos parlanchines".

Ambos rivales siguen prodigando argumentos, en defensa de sus respectivas obras, y ataques a su contrincante.

Hay un descanso

Con canciones de ambos poetas al son de la flauta

Siguen un intermedio de flauta y canciones de ambos poetas.

Dioniso decide pesar en una balanza los versos de cada poeta

Hades solo le permitirá regresar con uno

Dioniso decide pesar en la balanza los versos de Esquilo y de Eurípides, uno a uno. Al final dice a los espectadores: "Ambos son amigos míos y no voy a juzgarlos, porque no quiero enemistarme con ninguno de los dos: al uno lo tengo por hábil; el otro, en cambio, me divierte más".

Llega Plutón y dice a Dioniso: "Entonces, ¿No vas a hacer nada de aquello por lo que has venido?... Te llevarás a aquel a quien hayas considerado vencedor, para que no hayas venido en vano".

Dioniso le contesta: "Yo he bajado aquí a buscar un poeta... Para que la ciudad, salvada del peligro, pueda continuar con el teatro. Por consiguiente, he decidido llevarme, de vosotros dos, a aquel que sea capaz de dar a la ciudad un consejo saludable. Para empezar, a propósito de Alcibíades, ¿qué pensáis acerca de él el uno y el otro?"

Eurípides declara: "Yo odio a un ciudadano que es lento para servir a su patria, pero se muestra rápido para causarle grandes males, largo en recursos para sí mismo, pero corto de medios para la ciudad".

Esquilo, a su vez, dice: "No se debe criar un león en la ciudad; pero, si se ha criado, hay que adaptarse a sus costumbres".

Dioniso elige a Esquilo

Recomienda a Hades que ponga en su lugar a Sófocles

Sigue el interrogatorio sobre temas variados. Al final del mismo Dioniso elige a Esquilo, ante la indignación de Eurípides.

Tras el canto del Coro, Plutón despide a Esquilo: "Adiós, Esquilo; ve y salva a nuestra ciudad con tus buenos consejos e instruye a los necios, que son muchos"

Antes de partir para el mundo exterior, Esquilo hace a Plutón estas recomendaciones: "Así lo haré. Y tú, dale mi trono a Sófocles y que me lo conserve, por si algún día vuelvo aquí.

Porque creo que es el segundo en talento. Y acuérdate de impedir que este intrigante, este impostor, este bufón se siente jamás, ni siquiera a disgusto, en mi trono".

Salen de los Infiernos Dioniso y Esquilo, a quienes acompaña el coro.