Las avispas

PERSONAJES:

Acción: en Atenas

Estrenada el 422 a. C.

La condición de juez del protagonista, Filocleón, le proporciona adulación y dinero. Su hijo, Bdelicleón, es una persona sensata.

Filocleón muestra una absurda pasión por los pleitos judiciales. Su hijo lo mantiene secuestrado en casa, para alejarlo de su pleitomanía, y encarga a dos esclavos que lo vigilen.

 

 

Jantias comenta la afición de su amo

Disfruta interviniendo como juez

El esclavo Jantias informa al público sobre la situación: "Tenemos un amo... Nos ha encargado a los dos que vigilemos a su padre, a quien ha encerrado, para que ni siquiera se asome a la puerta de casa. Es que su padre sufre una enfermedad extraña,... Está enamorado como nadie de Heliea. Desea ardientemente esto, ser juez, y gime, si no se sienta en la primera fila. En cuanto al sueño, no lo ve ni pizca en toda la noche. Si entorna los ojos, aunque sólo sea por un instante, su espíritu revolotea en la noche alrededor de la clepsidra. Dada su costumbre de retener en su mano la piedra de votar, se levanta con los tres dedos apretados... Así, pues, lo tenemos guardado con cerrojos... para que no se nos escape... Porque su hijo está consternado por su enfermedad... Hemos tendido redes alrededor de su alojamiento y nos mantenemos permanentemente en guardia en torno suyo. El viejo se llama Filocleón (Amigo de Cleón) y su hijo, que está ahí, Bdelicleón (Odiador de Cleón).

Filocleón

El coro va a su casa a buscarlo

Filocleón intenta en vano escapar, recurriendo a toda clase de trucos. Incluso trata de imitar a Ulises, en el episodio de la salida de la cueva del Cíclope, ya que trata de huir colgado del vientre de un asno.

Acude a buscarlo el Coro, formado por viejos heliastas, vestidos con un "himation" y armados, en su trasero, con un agudo aguijón de avispa, que representa el carácter litigioso y punzante de los atenienses.

El corifeo propone llamarlo cantando.

Desde el interior de la casa contesta Filocleón: "Estoy secuestrado por esos; sólo pido, desde hace mucho tiempo, reunirme con vosotros ante las urnas y causar algún mal... Mi hijo, amigos míos, no me permite juzgar ni causar daño; está, en cambio, dispuesto a ofrecerme una vida regalada, pero a mí no me hace maldita gracia... tengo unas ganas locas de pasearme por entre los tablones con una concha... Aquí todo está cerrado a cal y canto, sin que haya un agujero por donde pueda escapar un mosquito".

Bdelicleón

Impide que el coro se lleve a su padre

Bdelicleón impide un nuevo intento de fuga de su padre.

El corifeo arenga al Coro para que ataque a Bdelicleón: "Que cada uno apreste su aguijón y se lance sobre él; avanzad, prietas las filas y en buen orden, llenos de furia y de rabia, para que sepa en adelante a qué enjambre ha irritado... Vamos, suelta a ese hombre o te aseguro que les vas a envidiar a las tortugas su caparazón..."

Ante los ataques del Coro, Bdelicleón trata de justificar su conducta con respecto a su padre: "Y a mí, porque quiero que mi padre, liberado de esa vida miserable de madrugones, de denuncias y de pleitos, lleve una existencia noble, se me acusa de ser un conspirador y de aspirar a la tiranía".

Bdelicleón critica la corrupción

El coro de la la razón

En un agón dialéctico entre padre e hijo, triunfa éste, versado en los trucos sofísticos.

Critica la corrupción de los políticos, que convierten a los jueces en instrumentos de sus intereses; añade que el cargo de juez no confiere decoro y autoridad a los ciudadanos y demuestra con muchos hechos y cifras precisas que los tres óbolos de compensación, que recibían los jueces por sus servicios, eran sólo un capricho demagógico, una simple tapadera para ocultar las grandes cantidades que los jefes del pueblo, con Cleón a la cabeza, se embolsaban de los tributos que pagaban los aliados.

Termina su alegato con estas palabras: "Por eso te encerraba yo, para cuidarte y evitar que éstos se burlaran de ti".

Tras sopesar las razones aducidas por ambas partes, el corifeo declara: "Era un verdadero sabio el que decía: 'antes de haber escuchado los alegatos de ambas partes, no se sabría juzgar'. (A Bdelicleón) Pues ahora mi sentencia es que tú has triunfado con mucho; tanto, que depongo mi ira y dejo a un lado estas estacas".

Aludiendo a su padre, Bdelicleón dice: "Le cuidaré y daré lo que precisa un viejo, sopa, manto,..."

El Coro reconoce: "Se ha arrepentido por las cosas por las que estaba loco entonces..."

Filocleón, en cambio, no se da por vencido: "Di lo que quieras, menos una cosa... Que yo no sea juez".

Bdelicleón le consuela creando un tribunal doméstico

El juicio del perro Labes

Su hijo trata de consolarlo, ofreciéndole la creación de una especie de tribunal doméstico: "En ese caso, puesto que tanto disfrutas ejerciendo este oficio, no vayas ya; administra justicia aquí mismo, a la servidumbre de la casa..."

Incluso se presta a darle la paga de juez.

Filocleón considera lógico el ofrecimiento de su hijo y lo acepta: "Yo había oído decir que llegaría un buen día en el que los atenienses celebrarían los juicios en sus propias casas y que cada uno de ellos... se haría construir un tribunal pequeñito... delante de su puerta".

Se organiza un tribunal. Presentan ante él, como acusado, al perro Labes: ha entrado en la cocina y robado un queso. Comparecen en el juicio dos actores disfrazados de perros. Se presentan, como testigos, varios actores disfrazados de distintos cacharros de cocina.

Bdelicleón se encarga de la defensa del perro; pide la absolución alegando las buenas cualidades del encausado. Filocleón lo absuelve, pero lamenta su falta de energía.

Bdelicleón intenta consolarlo: "No te preocupes. Yo, padre mío, te alimentaré de maravilla, te llevaré conmigo a todas partes, a las comidas, a los banquetes, a los espectáculos; te divertirás a tope el resto de tus días y no se burlará de ti Hipérbolo (un demagogo ateniense)".

Normas de comportamiento para Filocleón

Filocleón acaba con la paciencia de su hijo, por su sinceridad

Bdelicelón le da una serie de normas de comportamiento para no hacer mal papel en sociedad.

Le viste, como los ricos, con una elegante manto y le hace cambiar de sandalias...

Le dice que, cuando alterne con hombres instruidos, debe hablar con palabras solemnes..., y contar cómo participó con Androcles y Clístenes en una embajada sagrada...

Intenta convertirlo en un hombre de mundo y en agradable invitado.

Pero el padre acaba con la paciencia de su instructor, ya que insiste en ser sincero y comportarse tal como es; su sinceridad y falta de cortesía dan al traste con los intentos de insertarlo en una sociedad refinada.

Comentario de Jantias: "¿Pues no nos ha resultado el viejo este la más dañina de las plagas, el tío de peor vino de todos los convidados?... Era el más destacado, con mucho... Después de atiborrarse de exquisiteces de todo tipo, se puso a bailar, a dar saltos, a tirarse pedos, a mofarse de todos,.. Al verlo, Lisístrato hizo la siguiente comparación: 'viejo, pareces un nuevo rico de Frigia'...El viejo se encara con Teofrasto así: 'dime por qué presumes tanto de elegante, cuando lo cierto es que haces siempre de bufón alrededor de todo aquél a quien le van bien las cosas'. Y los insultaba a todos, a uno tras otro, con pullas del peor gusto, contando sin gracia alguna historias que no venían a cuento. Y ahora, borracho perdido, entra en casa golpeando a cuantos encuentra..."

En efecto, el viejo llega a casa a medios pelos, acompañado de una flautista desnuda y perseguido por varias personas, que pretenden acusarlo ante los tribunales.

Su hijo lo reprende ásperamente: "¿No es insultante que hagas burlas después de robar la flautista a los convidados?"

Se sucede un diálogo cómico entre padre e hijo acerca de la flautista en cuestión.

Acusaciones de varios ciudadanos

Bdelicleón repara los daños

Una panadera, acompañada de un testigo, acusa a Filocleón de haberle echado a perder su mercancía. Le cita a juicio, ante los inspectores del mercado, por causar daños a las mercancías.

Un hombre le acusa de violencia. Bdelicleón le ofrece compensación en su nombre. Luego obliga a su padre a entrar en casa.

El coro envidia su suerte

Cree que con el tiempo cambiará sus hahábitos

El Coro entona un canto en el que envidia la suerte del viejo:
"Envidio la suerte de este viejo... por seguir ahora otros principios y entregarse al lujo y a la molicie. Pero es posible que vuelva a las andadas, porque no es fácil despojarse de la naturaleza que se ha tenido siempre. Sin embargo, muchos lo han conseguido y, contagiados de las ideas de otro, han cambiado sus hábitos".

Jantias comenta su nueva afición, el baile

Compite con tres danzarines

Jantias comenta: "El viejo, después de haber sido un borrachín durante bastante tiempo, tras haber oído tocar la flauta... baila sin descanso, durante toda la noche, las famosas danzas de antaño. Aquellas con las que Tespis competía en los concursos..."

Sale Filocleón danzando y cantando: "Si algún danzante de tragedia pretende danzar bien, que venga aquí a competir conmigo..."

Entran en escena tres bailarines. Filocleón, Carcino ("EI Cangrejo", poeta trágico) y sus tres hijos inician una danza en el centro de la "orchestra", mientras el Coro los acompaña con su canto.