Poeta trágico

OBRAS

Las traquinias

Antígona

Áyax

Edipo Rey

Electra

Filoctetes

Edipo en Colono

Según el Mármol de Paros, nació el año 497/6 a.C. Murió el 406/5. En su adolescencia inaugura el llamado "Siglo de Pericles", una de las épocas más brillantes de la historia de la Helade. Su vida coincide, pues, con la mayor grandeza de Atenas y su muerte, cuando era ya nonagenario, le libró de presenciar su clamorosa derrota en las Guerras del Peloponeso.

En la Vida anónima de Sófocles, escrita en el siglo I a.C., se cuenta que, en el año en que tuvo lugar la gloriosa jornada de Salamina (h. 480), luchó en esta batalla Esquilo, Sófocles, joven de 17 años, dirigió el coro de niños que cantó el pean que celebraba la victoria y nació Eurípides. Gracias al afán de algunos eruditos por crear sincronismos, vemos reunidos, en curiosa coincidencia, los tres puntos más importantes que delimitan el plano de la tragedia griega, en el que Sófocles encarna el espíritu y los ideales de la Atenas de su tiempo.

Nació en Colono, demo ateniense, honrado por el poeta en su última obra, Edipo en Colono; en ella hace que en su patria chica repose eternamente, como protectora, la sombra de su protagonista.

La posición desahogada de su familia le permitió recibir una educación esmerada. Su padre, Sífilo, poseía, como el de Demóstenes, un taller de fabricación de armas.

Tuvo como maestro de música a Lampro. Su formación musical le permitió componer la música de sus tragedias, que adaptaba a la letra de éstas, en contraposición a Eurípides, que en sus coros prefería el canto por el canto, por haber sido discípulo de Timoteo. Tuvo pronto ocasión de demostrar sus aptitudes musicales al ser elegido para dirigir el coro que celebró oficialmente las fiestas de la victoria contra los persas en Salamina.

Por el contrario, su voz, un tanto débil, no le permitió, como era costumbre en su tiempo, representar un papel en sus propias obras. Sólo actuó en el de Nausícaa y en el de Támiris, papeles que exigían respectivamente un diestro jugador de pelota y un consumado citarista. Polígnoto lo pintó tocando la cítara en un cuadro destinado a figurar en el gran museo del Poecile.

 

 

Participación en el gobierno de Atenas

Estratego

Durante la guerra Samia, el éxito de su Antígona favoreció la elección de Sófocles como estratego, cargo que ejerció juntamente con Pericles.

Ostentó algún título sacerdotal. A pesar de que, como amigo de Pericles, debió de frecuentar el círculo de intelectuales que se reunían en torno a tan alto personaje, hombres un tanto tibios en sus convicciones religiosas, Sófocles tenía fama de hombre muy piadoso. Había contribuido a introducir en Atenas, el año 420, el culto de Esculapio, dios de la medicina, traído de su santuario de Epidauro.

Fue amigo de Cimón, de Arquelao, del pintor Polígnoto, del poeta trágico Ion y de Heródoto.

Aunque no fue un verdadero político, participó activamente en la vida política de Atenas, en la que ocupó cargos importantes, cosa que favoreció su contacto asiduo con el pueblo, cuyas vibraciones quedaron fielmente reflejadas en sus obras.

El año 443/2 fue helenotamia, es decir, administrador del tesoro de la confederación ática.

Al estallar esta guerra contra Samos, llegó, al mando de una pequeña flota, a Quíos y Lesbos, en misión más diplomática que militar, en busca de refuerzos.

Es posible que fuera de nuevo estratego, con Nicias, el año 428/7. Después de la paz de Nicias (421) no parece haber desempeñado cargos políticos.

Tras el fracaso de la expedición de Alcibíades a Sicilia, Sófocles fue miembro, el año 413/11 del supremo consejo de los Diez Probulos.

Representó la armonía entre tradición y novedad

Consiguió 18 primeros premios

Sófocles manifestó siempre un gran respeto a la tradición legada por los antepasados, lo cual no fue un obstáculo para el desarrollo de sus ansias de progreso. No fue, en modo alguno, un espíritu anclado en el pasado, pero tampoco gustó del salto en el vacío, partiendo de la nada. Su obra arraigó profundamente en sus contemporáneos, porque estaba firmemente basada en su historia, en la esencia de la raza griega, en el pueblo en cuyas entrañas se había gestado. Su teatro fue fruto de su época y de su pueblo. Representa la armonía entre la tradición y la novedad.

Se le atribuyen las siguientes frases: "Esquilo acierta sin darse cuenta"; "Eurípides representa a los hombres como son; yo, como deben ser". Ambas frases demuestran el concepto que de su arte tenía Sófocles.

Decía que su obra dramática había recorrido tres etapas. En la primera, de la que no quedan obras, había tratado de emular la pompa y magnificencia de Esquilo; en la segunda había logrado una originalidad propia, no exenta de cierta rudeza; en la etapa final su estilo era más sencillo, por haber imitado más adecuadamente la naturaleza humana.

El año 468, a los 28 de edad, en el primer concurso de tragedias en que tomó parte, venció a Esquilo, con su tragedia Triptólemo; ante el peliagudo problema de fallar en contra del que entonces era considerado el rey del teatro, Cimón conjuró a los diez arcontes para que hicieran de jueces y dictaran sentencia con absoluta imparcialidad.

Participó en treinta concursos trágicos, en los que obtuvo 18 primeros premios y seis victorias en las fiestas Leneas. Nunca quedó en tercer lugar.

Menor intervención de los dioses en temas humanos

Disociación entre la divinidad y el hombre

Frente a los temas míticos tratados por Esquilo, en las tragedias de Sófocles se humaniza la acción y, por vez primera, vemos en escena padres que conviven con sus hijos, como lo harían en la vida real, hermanos y hermanas, maridos y esposas... Incluso se pintan sentimientos amorosos. Sus obras son la representación de la vida diaria.

Disminuye en ellas la intervención de los dioses en los asuntos humanos. Espíritu sanamente conservador, Sófocles acepta la religión existente, sin rebelarse contra ella, como Eurípides, pero sin convertirla en centro de sus obras, como Esquilo, que está obsesionado por la idea de la inexorable justicia divina sobre las acciones humanas.

Entre el hombre y la divinidad no ve Sófocles unas relaciones de consonancia, como aparecen en Esquilo, ni de disonancia, como se plantean en Eurípides, sino el sentimiento de que el hombre no es nada sin los dioses.

Esta disociación entre la divinidad y el hombre convierte a éste en el centro del drama; en él se encuentra dolorido en su angustiosa soledad, carente de toda esperanza en que el dolor que lo tortura será pasajero, ya que sabe que es definitivo, por ser inherente a la humana condición. Es plenamente consciente de que ese dolor no es un simple tránsito entre el sufrimiento presente y el premio que recibirá por aguantarlo, como lo era en Esquilo y volverá a serlo en Eurípides. La vida es dolor y desventura y la mayor felicidad es el no haber nacido, ya que en la condición doliente de la naturaleza humana no existe la esperanza del premio, ni el desahogo de la rebeldía contra un destino inexorable, como ocurría en Esquilo y en Eurípides. Además, los héroes de Sófocles suelen ser seres inocentes, que no expían culpas merecedoras de tan horribles castigos.

En Antígona condena como necias e irreligiosas las teorías de los sofistas. En esta obra y en Áyax triunfa Dike, la justicia, que no aparece en las restantes tragedias, en las que sólo vemos a Ate, la ciega y tremenda desventura, que hace sufrir a los buenos y cuyos oscuros designios son inescrutables. En Sófocles vemos un concepto muy triste de la existencia humana. De su poesía brota una inmensa tristeza, que, sin embargo, puede conducir a la serenidad ante el adverso destino. El hombre llega a encontrar un consuelo del dolor en sí mismo, en la nobleza y el heroísmo propios. Es la grandeza del hombre, que incluso en la adversidad es capaz de conservar intacta su virtud. Todos los héroes de Sófocles son almas nobles jamás abatidas por los golpes de la adversidad. Son personajes perfectamente definidos: Neoptólemo, sincero, animoso, noble; Electra, hermana cariñosa; Antígona, magnánima; Ismene, joven humana; Clitemnestra, apasionada y cínica; Deyanira, celosa; Eurídice, buena madre; Edipo, rey justo, desdichado;...

Innovaciones

15 coreutas y un tercer actor

Sófocles introdujo en el teatro una serie de innovaciones.

El número de los coreutas pasó de 12 a 15. Esto permitió la división del coro en dos semicoros de siete coreutas cada uno y un asistente; además, el corifeo podía intervenir con más facilidad en el diálogo de los actores.

Al mismo tiempo redujo el canto coral, que convirtió al coro en "el espectador ideal" o en portavoz de las ideas del poeta.

Añadió un tercer actor. Esto permitía que actuasen a la vez en escena tres personajes, añadiendo al drama más complejidad y variedad (Edipo, Yocasta y Creonte, en Edipo Rey,...). Ya, en el año 458, Esquilo había introducido esta novedad en una escena de Las Coéforas, y más ampliamente en el prólogo y en el pasaje del juicio de Las Euménides.

Inició la composición de dramas independientes, es decir, libres del vínculo de la tetralogía (si se incluye el drama satírico). Sófocles fue el primero que presentó en los concursos tres dramas independientes entre sí, con argumentos distintos. Hizo, pues, de cada una de las tres tragedias un todo autónomo, tanto en el tema como en la acción, que se centra en un solo individuo, el héroe trágico, que afronta en solitario el destino, que anteriormente afectaba a toda la familia, durante varias generaciones.

De hecho, Esquilo, en el año 472, había presentado Los Persas, tragedia de tema actual, sin relación alguna con los restantes de la trilogía, de contenido mítico. En realidad, Sófocles convirtió en regla general lo que hasta entonces era una simple excepción.

Continuó el progreso de la decoración y la escenografía. Un bastón blanco ayudaba a mantener el equilibrio de los actores, que caminaban sobre coturnos de suela muy gruesa.

En cuanto a la música, adoptó el modo musical frigio. Todo ello contribuía a dar al espectáculo color, sonido y movimiento.

La introducción del deus ex machina, que resolvía una situación complicada, era en esta época una innovación muy apreciada por los espectadores.