Poeta cómico

OBRAS

Acarnienses

Los caballeros

Las nubes

Las avispas

La paz

Las aves

Lisístrata

Las tesmoforias

Las ranas

La asamblea de mujeres

Pluto

El más ilustre y genuino representante de la Comedia Antigua ática nació hacia el año 450 a.C. Fue hijo de colonos atenienses de Egina, pero no se sabe con seguridad dónde nació. Tal vez en Egina o Lindo.

Con el nombre de Calístrato se representó la comedia Los Comensales (427 a.C.), en la que ridiculizaba  la educación práctico-legal de los jóvenes, tema que más tarde desarrolló en  Las Nubes. Debe su nombre al hecho de que el  coro  estaba formado  por comensales  de  un  banquete  en honor de Heracles, en cuya sobremesa se entabla un diálogo. En Los Babilonios, representada el año 426 a.C., censura el mal comportamiento político de Atenas con sus aliados de la Confederación de Délos, dirigida de modo arbitrario por Cleón, que acusó a Aristófanes de injusticia con los ciudadanos.  La misma suerte corrió la comedia Los Acarnienses (425), la primera de las once que se conservan íntegras. Se ignora por qué razón se representaron estas tres obras a nombre de otros poetas.

Fue  el  único  de  los  antiguos comediógrafos que desempeñó cargos públicos. Su nombre figura en la lista de los pritaneos en una inscripción de principios del siglo IV a.C.

Murió después del año 388 a.C., fecha de su última comedia, Pluto.

Frente a la libertad de que gozaban los poetas cómicos antes de la guerra, tras ésta desaparece gradualmente la virulencia de sus ataques y hasta su imaginación creadora. La parte coral de sus obras fue restringiéndose y los temas públicos fueron eclipsándose para ser sustituidos por los privados.

Vivió Aristófanes los momentos más difíciles de la historia de Atenas, embarcada en una guerra desastrosa por una serie de políticos ambiciosos, ineptos y corruptos, que hirieron de muerte a la democracia. Defensor de los viejos ideales aristocráticos, nostálgico de los tiempos gloriosos de Maratón y Salamina, atacó con la burla y la parodia la angustiosa situación que acompañó a la guerra del Peloponeso y las secuelas de la derrota.

Argumementos y personajes

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Al comienzo de una comedia se plantea normalmente un problema difícil, que afecta al coro o guarda alguna relación con él. Por ejemplo: en Las Aves, dos atenienses, hastiados de la manía de pleitear de sus conciudadanos, deciden irse a fundar una ciudad feliz en las nubes, para interceptar el humo de los sacrificios a los dioses y, de ese modo, lograr que éstos accedan a sus peticiones. Para ello convencen al coro hostil de las aves y éstas acaban colaborando en la realización de tan utópica empresa. En Los Caballeros, el demagogo Cleón tiene sometida a Atenas a su poder arbitrario y el coro de caballeros consigue vencer al tiránico demagogo con la ayuda de un morcillero. En Lisístrata, la guerra contra Esparta' arruina la ciudad, pero la protagonista y el coro consiguen que ambos contendientes firmen la paz, recurriendo a una original huelga amatoria...

En la comedia el protagonista, secundado por el coro, al que ha conseguido atraer a su causa con los argumento más ingeniosos, acaba resolviendo el peliagudo problema planteado al comienzo de la obra, que tiene un final feliz, ya que retorna la paz, la fiesta y el amor.

Aristófanes refleja en sus obras tanto la opinión pública sobre ciertos políticos o generales, como las debilidades y carencias del propio pueblo. Sus personajes repiten lo que pensaba todo el mundo, someten a su crítica, jocosa pero despiadada, a los gobernantes sin escrúpulos, a la asamblea pública, a los magistrados corruptos, a los tribunales, al pueblo mismo. Nostálgico de la pasada grandeza de Atenas, enemigo de novedades en el arte de razonar y de educar, fustiga con la agudeza, la caricatura e incluso el disparate y el absurdo la política nefasta de su tiempo, a los demagogos, como Cleón, y a los generales belicistas, como Lámaco, a los que el protagonista derrota con las armas de su ingenio, que le sugiere el empleo de los recursos inverosímiles o mágicos ya enumerados.

Al margen de los políticos o militares, convierte en blanco predilecto de sus virulentos ataques a los sofistas, por la nueva educación que éstos impartían a sus jóvenes. Elige equivocadamente como prototipo de éstos a Sócrates, a quien ridiculiza presentándolo como un individuo extravagante y maniático. Otra de las víctimas de sus burlas fue Eurípides, a quien echa en cara el abuso de pasajes truculentos y lacrimosos, la presentación, de modo poco digna, de los héroes trágicos y el uso de un lenguaje retórico y grandilocuente. En algunos pasajes de sus comedias reproduce incluso versos y expresiones de Eurípides, que, fuera de su contexto trágico, empleados en un lenguaje coloquial, resultan un tanto cómicos.

La exposición de las incoherencias de la sociedad y del comportamiento humano, del mundo al revés, de la inconcebible victoria sobre algo que se consideraba imposible, provocaba en el público, además de la risa, una severa crítica de esta sociedad absurda y un deseo de lograr a toda costa la justicia y la paz.

El insulto, la injuria y el ataque personal contra alguien es algo normal en la comedia de Aristófanes, así como los palos prodigados a esclavos, impostores o antihéroes.

Es frecuente la parodia humorística de la tragedia, la epopeya, la lírica, los mitos, los ritos, los dioses y los oráculos.

El final feliz va acompañado de un copioso banquete, del que son excluidos el antihéroe y cuantos vividores pretenden aprovecharse del triunfo del héroe. La glotonería y el hambre de algunos personajes son recursos explotados para provocar la risa.

La comedia discurre en el mundo de la fantasía y de la utopía, pero, bajo esa capa superficial, aborda problemas sociales y humanos muy profundos, como las ansias de paz, las reformas sociales igualitarias o la búsqueda de la felicidad colectiva e individual, temas tratados también por los filósofos y moralistas de su época.

Por ejemplo, en Las Asambleístas y en Pluto se propone un reparto social de las riquezas, de acuerdo con un incipiente comunismo, que recuerda las teorías expuestas por Platón en La República y Las Leyes. Las ansias generales de paz, en medio de los desastres generados por las guerras del Peloponeso, afloran en casi todas sus comedias. En Las Nubes y Las Ranas pone en la picota respectivamente a Sócrates y a Eurípides, en un intento de reivindicar las viejas normas frente a las nuevas modas educativas y poéticas. En Las Aves son expulsados de Nefelococigia, la nueva ciudad, todos los arribistas y vividores que tratan de apro­vecharse de las ventajas logradas por su fundador.

Pensamiento de Aristófanes

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Un análisis somero de las obras de este poeta polifacético y brillante produce una primera impresión de que se trata de un autor reaccionario, defensor a ultranza de la tradición, opuesto a todas las innovaciones introducidas por las nuevas generaciones de educadores, filósofos y poetas, es decir, los sofistas, Sócrates y Eurípides.

Sin embargo, en algunos temas por él tratados, aparece como un pacifista sincero, un defensor de la reforma socio-económica, que pone su arte al servicio de su idealismo. Como defensor de la moral tradicional, presenta el vicio y a los vicio­sos con alegre desenvoltura. Como político conservador, aparenta un deseo de orientar desde la escena la opinión pública, pero sólo pretende reírse de todo y de todos.

Sus burlas sobre los dioses, a los que presenta en escena como seres inhumanos, avaros y terribles, no suponen ateísmo y sus ataques a Eurípides sólo expresan la búsqueda de un motivo para provocar la risa del público, no una rencorosa animadversión contra él.

En cuanto a su oposición sistemática a toda innovación educativa o literaria, se debe probablemente al hecho de que es lo nuevo lo que más se presta a la risa, lo mismo que las ideas o conductas anticuadas. Por esta razón critica no sólo a los nuevos filósofos y poetas, sino también a los jóvenes que desprecian la tradición, a la vez que ama los antiguos modelos, pero censura a los vejestorios anticuados.

Y es que la esencia de la Comedia es la crítica de la sociedad circundante, frente a la que busca lo ideal, por inasequible y fantástico que pueda parecer. Aristófanes lo sitúa en un pasado atemporal o en la época gloriosa de la Atenas de los buenos tiempos, cuyas costumbres contempla como modelo a seguir. Otras veces, en cambio, presenta una utopía futurista, como el comunismo de Las Asambleístas o el reparto equitativo de la riqueza de Pluto. En ocasiones se sola­pan el pasado y el futuro, ya que la felicidad inherente a la paz confunde la de los añorados tiempos antiguos con la del futuro soñado por el poeta.

Aunque su espíritu es conservador, se limita a aprovechar el contraste entre las rancias costumbres de los antepasados, las gloriosas tradiciones patrias, con las tendencias innovadoras y progresistas, con las doctrinas que considera disolventes y con las costumbre perniciosas y hedonistas de su época. Sin embargo, el papel que desempeñan los jóvenes en sus comedias no desdice del de los viejos (Nubes, Avispas); incluso presenta, a veces, a una generación joven más comprensiva y tolerante que la de sus predecesores.
Muestra más simpatía por los campesinos y la clase media que por la poderosa oligarquía ateniense.

El tópico cómico del "mundo al revés" aparece en Lisístrata y en Las Asambleístas, en donde las mujeres consiguen vencer a los hombres y se ofrece cierta comprensión de los problemas femeninos.

Un espejo de la sociedad ateniense

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En las comedias áristofánicas podemos presenciar los diversos aspectos de la vida cotidiana dé la sociedad ateniense de su época. En ellas alternan ancianos y campesinos; jóvenes aristócratas melenudos (Los Caballeros) y demacrados y pali-duchos discípulos de los sofistas (Las Nubes); esclavos que comparten, como cria­dos domésticos, su vida familiarmente con sus amos;...

Las mujeres se ocupan del hogar y crían a sus hijos, sometidas a la autoridad omnímoda de sus maridos. Sólo en raras ocasiones, hartas de tal sumisión, rompen esa dependencia (Lisístrata, Las Asambleístas). En Lisístrata podemos observar varias escenas de la vida doméstica; en Los Acarnienses, la casa de Eurípides; en Las Nubes, el "pensadero" de Sócrates;...

Aparecen unos tipos despreciables, los sicofantas y los demagogos, entre los ue sobresale Cleón. Frente a ellos, honrados labriegos, que cultivaban felices sus leredades y que, ahora, hacinados dentro de las murallas de Atenas, mientras las incursiones espartanas arrasan sus viñedos y olivares, añoran la paz de sus campos.

Se refleja también el ambiente en el que se celebraban los concursos de comedias: rivalidades entre los poetas concursantes, adulaciones prodigadas por éstos a los jueces y al público;...

Se describen los banquetes organizados en casa de los ricos, en los que alternan diversos entretenimientos de sobremesa: narraciones de anécdotas, recitales de poemas, propuestas de enigmas, etc.

El ambiente que ofrecía la Asamblea de Atenas es objeto de una jocosa caricatura en Los Acarnienses y Las Asambleístas; el del Consejo, en Los Caballeros; el de los tribunales, en Las avispas.

Una constante en casi todas las comedias es la fiesta. En Los Acarnienses, las Dionisias rurales y el día de los Coes; en Las Tesmoforiantes, la fiesta de las Tesmoforias;...

La guerra queda reflejada en los continuos ataques contra los belicistas, sobre todo contra Cleón y Lámaco, especialmente en Los Acarnienses.

En sus comedias, compuestas en un estilo pródigo en variedad y gracia, y plasmadas en versos de gran flexibilidad, vemos también escenas grotescas, burdas desvergüenzas y bromas de mal gusto, junto a discusiones sutiles y elevadas; ataques virulentos y burlas atroces alternan con sinceros y orgullosos elogios a Atenas y a sus ciudadanos.

Reflejan, pues, un mundo variado, lleno de contrastes y presidido según uno de sus críticos por la alegría de vivir, que brota de lo más profundo de su corazón, y que no tiene causa alguna, sino que por sí misma nace y por sí misma se extingue, y que no puede ser objeto de reflexión, porque la reflexión la destruiría".